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lunes, marzo 05, 2012

La inflación y su impacto en la calidad de vida de los venezolanos

El que sigue es un estracto del Libro "Propuestas a la Nación", elaborado por las Academias de Venezuela (de Ciencias Políticas y Sociales, de la Historia, de Medicina, de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, de Ciencias Económicas y de la Ingeniería y el Hábitat), como una contribución a la celebración del Bicentenario de la Independencia (julio de 2011). El capítulo elaborado por la Academia de Ciencias Económicas, titulado "La inflación y su impacto en la calidad de vida de los venezolanos", suscrito por Luís Zambrano Sequín, Padro Palma y Domingo Faustino Maza Zavala contiene una serie de reflexiones y recomendaciones para combatir la inflación, cuyo resumen reproducimos a continuación:

Academia Nacional de Ciencias Económicas

La inflación es un complejo proceso económico, social y político. Sus causas originarias son múltiples e interrelacionadas y los mecanismos de transmisión de sus efectos operan directa e indirectamente sobre diversas variables que impactan la calidad de vida de los miembros de la sociedad, tanto a corto como a largo plazo. La relación negativa entre la inflación y el desempeño económico y social de una nación ha sido suficientemente documentada y analizada en la literatura económica y política. Hoy en día hay tal conciencia y temor a los efectos negativos de la inflación que, en la casi totalidad de los países, uno de los objetivos centrales y permanentes de la política económica es alcanzar y preservar la estabilidad de los precios, aún a costa del crecimiento económico y el empleo a corto plazo. La teoría y la investigación económica han generado un conjunto de recomendaciones e instrumentos de acción que han probado ser eficaces para lidiar con este grave problema. Entre varias de las medidas que se han mostrado como fundamentales para reducir el problema inflacionario a su mínima expresión se pueden citar las siguientes:

- Máxima responsabilidad y compromiso antiinflacionario en el manejo de la política fiscal. Las políticas fiscales financiadas con emisión monetaria, la manipulación de los tipos de cambio, el financiamiento mediante tasas de interés distorsionadas y/o el control del uso del crédito, constituyen una de las más importantes, y en muchos casos es la principal causa originaria de los elevados procesos inflacionarios. Es por ello, que en muchos países se ha puesto énfasis en las reformas institucionales y legales que han prohibido taxativamente el financiamiento de los déficits fiscales desde los bancos centrales, y se han fijado restricciones, incluso constitucionales, que limitan el crecimiento del gasto y, sobre todo, el endeudamiento público.

- Creación de mecanismos que garanticen la mayor estabilidad posible en el comportamiento de la demanda agregada, especialmente en los países con economías muy abiertas que son vulnerables a los choques generados en los mercados externos. Por ello, se han creado, especialmente en las economías exportadoras de recursos naturales, fondos de estabilización y de ahorro cuyo manejo está sometido a reglas transparentes y poco discrecionales, que buscan evitar el gasto público excesivo durante los boom, y preservar los derechos de las generaciones futuras, protegiéndolas de los efectos negativos de la inflación en el largo plazo.

- Autonomía operativa de los bancos centrales como entes rectores de la política monetaria. Un factor común en todos los países que han logrado avances en el control de la inflación ha sido el contar con bancos centrales cuyo objetivo fundamental se centra en la lucha contra este importante flagelo. En este sentido, los bancos centrales pasan a ser los agentes con que cuenta una sociedad para velar por un preciado bien público: la calidad de la moneda. En particular, los bancos centrales deben tener el poder para limitar las presiones que desde el frente fiscal se hacen sobre los mercados monetarios y reales, y que terminan acelerando el aumento de los precios.

- Máxima flexibilidad posible en el funcionamiento de los mercados que componen el sistema económico nacional. La capacidad de ajuste de un país, y por tanto su bajo potencial para experimentar presiones inflacionarias desde el lado de la oferta, está asociada positivamente a la flexibilidad que en éste prevalezca para reasignar los factores de la producción entre los diferentes sectores que generan los bienes y los servicios. La existencia de excesivos controles y regulaciones termina no sólo afectando la capacidad de la economía para reajustarse con eficiencia, sino que impacta negativamente sobre la asignación de los recursos, creando cuellos de botella, corrupción y extendiendo la conducta rentista de los agentes económicos, quienes terminan sustituyendo la inversión productiva por la búsqueda de los beneficios generados por el acceso a los permisos, los insumos y recursos regulados, el crédito fácil y barato, y las divisas a un tipo de cambio subsidiado.

- Ligado con el punto anterior, no puede haber avance en la lucha contra la inflación si no existen estímulos a la inversión en capital humano y físico, tanto a corto como a largo plazo. Naturalmente, la capacidad de producción y de oferta de una economía depende crucialmente de la cantidad y calidad del stock de factores productivos, cuya variación depende a su vez de las decisiones de inversión de los agentes económicos internos y externos. Sin un entorno adecuado, donde el grado de certidumbre juega un papel fundamental, no puede esperarse que la inversión y las innovaciones incidan positivamente sobre el crecimiento de la oferta y la reducción de los costos de producción; dos componentes cruciales que inciden sobre la evolución de los precios. Especialmente relevante es el tema relacionado con la preservación de los derechos de propiedad, elemento determinante del comportamiento de la propensión a invertir e innovar tanto en el capital físico como en el capital humano.

En síntesis, la mayor responsabilidad en el manejo de las políticas fiscales, la separación y autonomía en la administración de las políticas monetarias, los avances en el diseño de instituciones que permitan estabilizar el gasto público, el desmantelamiento de los controles e intervenciones que le restan flexibilidad a los mercados, y el desarrollo de políticas que minimicen los desestímulos a la inversión, han probado ser medidas eficaces en la atenuación de los procesos inflacionarios a nivel mundial. La puesta en práctica de esas medidas, de manera simultánea en muchos países, es lo que explica cómo en las últimas dos décadas hemos presenciado un notable descenso en las tasas de inflación promedio, siendo hoy una extrema excepción los casos donde la tasa anual de crecimiento de los precios excede el 10%.

Venezuela, lamentablemente, se cuenta dentro de las escasas excepciones de economías con severos y persistentes problemas inflacionarios. Claramente, más que los choques de carácter externo, el proceso inflacionario venezolano está íntimamente relacionado a factores inherentes al régimen de política económica prevaleciente y a las restricciones que afectan a la oferta interna.

En general, puede decirse que en Venezuela se está siguiendo un camino que va en dirección contraria a lo que ha sido el desempeño prevaleciente a nivel internacional. La política fiscal y cuasifiscal no sólo es procíclica, sino que cada vez depende más del financiamiento con emisión monetaria, que se produce por varias vías: la entrega de recursos monetarios sin contrapartida alguna por parte del Banco Central de Venezuela; la utilización de controles y múltiples tasas de cambio; el endeudamiento interno a tasas de interés reguladas muy por debajo de la tasa de inflación; la creación de liquidez con la finalidad de fomentar un mercado para la colocación de bonos emitidos por el sector público; la dolarización de parte del gasto fiscal etc. Todas estas son prácticas que a fin de cuentas consisten en modalidades de financiamiento vía un impuesto inflacionario.

El gasto fiscal y cuasifiscal, lejos de estar restringido o regulado por reglas explícitas y transparentes, se ha vuelto absolutamente discrecional y opaco, con un claro sesgo a ser muy expansivo, y a la vez poco eficiente para impactar positivamente a la demanda agregada interna real. Tampoco se ha podido avanzar en las reformas institucionales que apunten a mejorar la sostenibilidad fiscal a mediano y a largo plazo. La sustitución de fondos de estabilización por fondos de gasto, la ausencia de un sistema de seguridad social financieramente viable, y el rápido endeudamiento interno y externo en los últimos años, claramente señalan serios problemas estructurales en las finanzas públicas que, junto a la mayor dependencia de los ingresos fiscales petroleros, harán muy difícil desprenderse de los mecanismos que utilizan el impuesto inflacionario como medio de financiamiento público.

En cuanto a la autonomía de la autoridad monetaria, la reversión institucional no puede ser más alarmante. El Banco Central de Venezuela ha perdido su autonomía en los hechos, e incluso se ha intentado que la pierda también en las formas. Se han institucionalizado mecanismos de abierto financiamiento monetario, mediante la transferencia sin contraprestación alguna de parte de las reservas internacionales a la Tesorería Nacional, y permitiendo, incluso, operaciones crediticias entre la autoridad monetaria y entes públicos ejecutores de gastos. Además, es cada vez más frecuente la intervención del banco central para crear las condiciones monetarias que permitan la colocación de emisiones de deuda en el mercado interno, no sólo del Gobierno Central sino de otros entes del sector público, aún en circunstancias que atentan claramente contra cualquier objetivo antiinflacionario. Sin temor a equivocarnos, es evidente que hoy el Banco Central de Venezuela opera en la consecución de objetivos muy distintos al de proteger el valor interno y externo de la moneda de la cual es emisor.

La economía de los controles, y otras formas de intervención en el funcionamiento de los mercados, se ha exacerbado hasta extremos difícilmente justificables en términos de la política económica de estabilización, y claramente en oposición de cualquier objetivo de política económica que intente promover el crecimiento económico sostenido. El control de cambios, la regulación y el congelamiento de precios de una gran cantidad de bienes y servicios y de los salarios, la imposibilidad de ajustar las nominas y, finalmente pero no menos importante, la ausencia de protección de los derechos de propiedad, son factores que han exacerbado las imperfecciones de los mercados, los han hecho aún más incompletos y, sobre todo, han estimulado la conducta de búsqueda de rentas por parte de los agentes económicos.

Los impactos negativos sobre la capacidad de producción interna son inocultables, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. La reducción en la propensión a invertir y la sustitución imperfecta e incompleta del sector privado por el público en las empresas y sectores estatizados, explican en buena medida la pérdida de eficiencia de la política fiscal para estimular el crecimiento económico interno, y la elevada potencialidad de las expansiones fiscales y cuasifiscales para inducir inflación. A esto debe añadirse el deterioro de las expectativas de crecimiento, que también alimentan el enraizamiento de las expectativas inflacionarias en los agentes económicos, que terminan expresándose en los mecanismos de formación de precios y salarios.

En síntesis, la inflación venezolana es esencialmente un fenómeno de carácter interno. La agenda política del régimen y la manera específica cómo se utilizan los diferentes instrumentos de política económica, sin duda, son factores de primer orden para explicar el pobre desempeño que en materia inflacionaria hoy exhibe Venezuela en el contexto internacional. ¿Pueden revertirse estos elementos que explican, en gran medida, el carácter estructural y endógeno del proceso inflacionario venezolano? La respuesta no es evidente, pero ciertamente supone un importante viraje, no sólo en la política económica sino bastante más allá, en la agenda política general y en la evolución de la sociedad hacia nuevos consensos, donde el tema del control de la inflación adquiera un lugar preferente dentro del orden de prioridades del país. Sólo así podremos aspirar a mejorar en forma sostenida la calidad de vida de los venezolanos.

Recomiendo altamente la lectura de este trabajo, cuya versión íntegra puede encontrarse aquí.

sábado, marzo 03, 2012

Sentido común sobre la inflación (y IV)

Milton Friedman abunda sobre los efectos secundarios de la única solución posible a la inflación (solución que, recordemos, se ubica en la reducción de la tasa de crecimiento de la oferta monetaria). Sin embargo, tales efectos secundarios (una cifra de paro más elevada y una tasa de crecimiento económico menor -lo que no necesariamente significa un desempleo estratosférico, ni tampoco decrecimiento o recesión, sino, si las medidas son bien gestionadas, un desempleo un poco mayor y un crecimiento un poco más ralentizado-) no deben confundirse con las medidas principales, es decir: no se combate la inflación con más desempleo y menos crecimiento, sino que éstos son, tan sólo, los efectos secundarios de la restricción de la oferta monetaria:
"...un crecimiento económico menor y un desempleo más elevados no son remedios para la inflación. Son los efectos secundarios de una solución adecuada. Muchas políticas económicas que impiden el crecimeinto económico y aumentan el desempleo, pueden al mismo tiempo incrementar la tasa de inflación. Esto es cierto en el caso de algunas de las políticas que se han utilizado: controles esporádicos de precios y salarios, una creciente intervención estatal en la actividad económica, todo acompañado con un gasto público cada vez mayor, y de un crecimiento rápido de la cantidad de dinero".

Recomiendo visitar esta entrada del Blog Inversión y chequear la explicación sobre la relación entre la emisión de bonos promovida por la Fed (y su Presidente, Ben Bernanke) y la inflación en los Estados Unidos.

Pero, ¿cuál es la razón por la que se producen esos efectos?, y ¿por qué las medidas contra la inflación tardan tanto en dar resultados? Friedman expresa, al respecto:
"Estos efectos secundarios son desagradables, de modo que es importante comprender las razones debido a las cuales ocurren e intentar encontrar los medios para mitigar dichos efectos... Se producen porque las tasas variables de crecimiento de la oferta monetaria dan origen a un estancamiento del flujo de información transmitida por el sistema de precios, que provoca respuestas erróneas por parte de los agentes económicos, lo que lleva algún tiempo superar".

Ahora bien, ¿cómo debería, en principio, funcionar el remedio para la inflación? Su actuación se explica, en términos sencillos, en el siguiente CICLO DE CONTROL INFLACIONARIO:
"La reducción inicial del gasto se interpreta como una disminución de la demanda de productos concretos, que, tras un intérvalo, conduce a una baja en la producción y en el empleo. Tras otro ínterin, la inflación disminuye, y va acompañada a su vez por un aumento de la producción y el empleo...

Los cambios que se producen en las tasas de crecimiento de la oferta monetaria y en la inflación ponen en marcha todos estos ajustes. Si el aumento de la oferta monetaria fuera continuo e importante, de modo que, digamos, la tendencia anual de aumento de los precios fuera de forma constante alrededor de un 10 por ciento, la economía podría ajustarse a dicha tasa. Todo el mundo anticiparía una inflación de este monto; la subida de los salarios sería un 10% mayor que la que de otro modo se produciría; el comportamiento de los tipos de interés sería el mismo, a fin de compensar al prestamista este efecto inflacionario; los tipos impositivos se ajustarían a la inflación, y así sucesivamente
".

¿Es posible disminuir los efectos secundarios de la reducción del crecimiento de la oferta monetaria? ¿Se pueden implementar políticas que ayuden tanto a disminuir la inflación como a "morigerar" sus efectos, en el marco de un plan macroeconómico? Aparentemente sí. La cuestión depende tanto de la voluntad política de los responsables de las medidas para combatir la inflación, así como del grado de compromiso y la seriedad y acierto con las que se tracen e implementen aquellas:
"No conocemos ningún ejemplo en la historia en el que un período inflacionario haya acabado sin que se produjera una época intermedia de crecimiento económico lento y un desempleo mayor que el acostumbrado.

...Sin embargo, es posible mitigar dichos efectos ecundarios, suavizarlos.

El instrumento más importante para moderar estas consecuencias consiste en reducir la inflación gradual, pero continuamente, mediante una política anunciada de antemano y que reciba el apoyo de los distintos grupos del país, de modo que sea creíble.

La razón de la progresividad y la notificación previa de la política económica que se va a poner en práctica consiste en dar a la gente tiempo para que reajuste sus acuerdos y medidas, y para inducirla a que lo haga
".

De manera que, con la anticipación e información de las medidas, los agentes económicos podrían completar, renovar o renegociar sus contratos, planes y previsiones para el período de corrección inflacionaria. Friedman propone varios mecanismos desde el punto de vista microeconómico para hacer frente al reto de abatir a la inflación, como los reguladores automáticos de inflación, insertos en los contratos de largo plazo como "cláusulas móviles" (aplicables, por ejemplo, a los contratos laborales, de alquiler e incluso a los créditos). ¿Qué no es tan buena idea para paliar estos efectos secundarios? Los controles de precios:
"Como remedio a la inflación se proponen a veces los controles de precios y salarios. Recientemente, como se ha demostrado que los controles no constituyen una solución, se han solicitado como un instrumento para mitigar los efectos secundarios de la eliminación de aquella. Ciertos individuos mantienen que cumplirá esta función persuadiendo a la opinión pública de que la intención del gobierno de atacar la inflación es seria. A su vez, se espera que la actuación de los controles disminuya las anticipaciones de un aumento futuro de los precios que se encuentran en las condiciones de los contratos a largo plazo...

Para alcanzar este objetivo, los controles de precios y salarios son contraproducentes. Distorsionan la estructura de precios, reduciendo la eficiencia con la que el sistema trabaja. La menor producción resultante que se obtiene aumenta los efectos secundarios adversos que la eliminación de la inflación provoca en vez de reducirlos. Los controles de precios y salarios malgastan trabajo, tanto debido a las distorsiones que se producen en la estructura de precios como en la inmensa cantidad de horas que se consumen en la preparación, puesta en marcha y evasión de los controles de precios y salarios. Estos efecots son los mismos, sean los controles obligatorios o 'voluntarios'.

En la práctica, como es sabido, los controles de precios y salarios se han utilizado casi siempre como sustitutos, más que como complementos, de las restricciones monetarias y fiscales. Esta experiencia ha conducido a los particulares en el mercado a considerar la imposición de los controles sobre los precios y salarios como una señal de que la inflación está creciendo, y no al revés. Por lo tanto, les ha llevado a aumentar sus expecatativas de aumento de precios más que a reducirlas.

Estos mecanismos a menudo parecen efectivos durante un cierto tiempo tras su imposición. Los precios regulados, aquellos que entran en los números índice, se mantienen bajos porque constituyen medios indirectos para aumentar los precios y salarios: disminuyendo la calidad de los bienes producidos, eliminando servicios, promocionando a los trabajadores, etc. Pero entonces, una vez que los métodos simples para evadir los controles se agotan, se acumulan las distorsiones, las presiones que éstos habían suprimido alcanzan su punto de ebullición, las cosnecuencias adeversas emperoan cada más y todo el progra se viene abajo. El resultado final consiste en más inflación, y no menos. A la luz de la experiencia de cuarenta siglos, sólo la perspectiva a corto plazo de los políticos y los electores puede explicar el recurso repetido a los controles de precios y salarios
".

En conclusión, recapitulando las tres entradas anteriores dedicadas al tema, podemos sostener, junto con Milton Friedman, las CINCO VERDADES SOBRE LA INFLACIÓN:

1) Que se trata de un fenómeno monetario causado por un aumento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción de bienes y servicios, siendo muy variadas las causas de ese incremento de la oferta monetaria.

2) En el mundo contemporáneo, es el Estado (y sólo él) el que determina la cantidad de dinero existente en la economía. Es decir, el Estado es el causante por antonomasia de la inflación.

3) Sólo existe un remedio a la inflación: una tasa menor de incremento de la cantidad de dinero (oferta monetaria).

4) La inflación, para desarrollarse, necesita un cierto período de tiempo (medido en años y no meses). También es necesario, en consecuencia, que transcurra un plazo determinado (ni corto, no mediano, sino un largo plazo) para eliminarla.

5) Es inevitable la existencia de efectos secundarios desagradables en la erradicación de la inflación, como un mayor desempleo y un crecimiento más lento, pero también se pueden suavizar con una implementación gradual de las medidas de control, entre otros mecanismos en mano de los agentes económicos.

Finalmente, tras estas palabras cargadas de sentido común sobre la inflación, sus causas, consecuencias, medidas para combatirla, así como los efectos secundarios de ésta sobre la economía y la forma en que pueden amortiguarse, concluimos con las palabras que cierran el capítulo 9 de "Libertad para Elegir", de Milton y Rose Friedman, dedicado a la inflación:
"Una falsa dicotomía nos ha desorientado: inflación o paro. Esta opción es falsa. La alternativa real consiste sólo en si nos enfrentamos a un desempleo más elevado como consecuencia de unos precios más altos o debido a un efecto tempoiral secundario para eliminar la inflación".


Este video es uno de los capítulos de la serie de documentales televisados "Libre para Elegir", que dio origen al libro del mismo nombre, cuyo capítulo 9, dedicado a la inflación, hemos reseñado en las cuatro últimas entradas de Gestión Inteligente.

jueves, marzo 01, 2012

Sentido común sobre la inflación (III)

En las entradas precedentes, he reseñado el capítulo 9 de la obra de Milton y Rose Friedman "Libertad de Elegir", dedicado íntegramente a la inflación, sus causas, efectos y remedios. Continuando con este tema, que ha devenido vital para la economía contemporánea (y particularmente la venezolana), aquí presento algunos extractos que son idóneos para comprender este fenómeno, particularmente en lo atinente a los efectos secundarios sobre la economía de la solución propuesta por el economista norteamericano para combatirla:

1) Un ejemplo de cómo los Estados obtienen ingresos de la inflación: LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CARRETERA

(recordemos que los ejemplos del libro de Friedman se refieren a la realidad estadounidense y que el contexto temporal es de finales de los años 70 y comienzos de los 80)
"La financiación del gasto público mediante el aumento de la cantidad de dinero parece una cosa más bien mágica, como si se consiguiera algo de la nada. Para utilizar un ejemplo sencillo, el Estado construye una carretera y la paga con billetes de la Reserva Federal recién emitidos. Parece como si todo el mundo estuviera en una situación mejor. Los trabajadores que han construido la carretera han recibido sus salarios y pueden comprar alimentos, ropas y vivienda con ellos; nadie ha pagado impuestos. Sin embargo, donde antes no había nada, ahora hay una carretera. ¿Quién la ha pagado?

La respuesta es que todos los tenedores de dinero la han pagado. El dinero adicional aumenta los precios cuando se destina para inducir a los trabajadores a contruir la carretera en vez de dedicarlos a cualquier otra actividad productiva. Esos precios más altos se mantienen mientras el dinero adicional circula a través de la corriente de gastos de los trabajadores a los vendedores de lo que aquéllos compran, de esos vendedores a otros, y así sucesivamente. Precios más altos significan que con el dinero que la gente tenía antes, podrá comprar menos cosas que ahora. A fin de disponer de una cifra de dinero con la que poder comprar la misma cantidad de bienes y servicios que antes, los individuos no podrán gastar todos sus ingresos y deberán emplear parte de éstos para incrementar sus saldos monetarios.

El dinero adicional emitido es equivalente a un impuesto sobre el dinero efectivo existente en la actualidad. Si aquél hace aumentar los precios en un uno por ciento, entonces, cada poseedor de dinero en realidad ha pagado un impuesto igual al uno por ciento de sus tenencias de dinero. Los trozos adicionales de papel de que ahora debe disponer (o los asientos contables que debe realizar) para poder tener la misma capacidad adquisitiva en forma de dinero que tenía antes, no se pueden diferenciar de los otros trozos de papel que tiene en su bolsillo o en una caja fuerte (o de los asientos contables), pero en realidad constituyen recibos de impuestos pagados.

La contrapartida física de estos impuestos consiste en los bienes y servicios que se podían haber producido con los recursos utilizados en la construcción de la carretera. Las personas que no gastaron todos sus ingresos a fin de mantener el poder adquisitivo de sus saldos líquidos han cedido estos bienes y servicios con el fin de que el estado pudiera conseguir los recursos para construir la carretera
".

2) EL REMEDIO A LA INFLACIÓN

a) La cuestión real: la necesidad de voluntad política
"Es sencillo encontrar un remedio a la inflación y, sin embargo, su puesta en práctica es difícil. Del mismo modo que un aumento excesivo en la cantidad de dinero es la única causa importante de la inflación, la reducción de la tasa de crecimiento de la oferta monetaria es el único remedio para eliminarla. El problema no consiste en no saber qué hacer, pues resulta bastante sencillo. El estado debe hacer crecer la cantidad de dinero a una velocidad menor. El problema radica en tener la fuerza política para tomar las medidas necesarias. Una vez que la enfermedad de la inflación se encuentra en un estado avanzado, su eliminación tarda mucho tiempo y tiene consecuencias secundarias desagradables...

Del mismo modo que el elevado gasto público constituye una razón del crecimiento excesivo de la oferta monetaria, también un menor gasto por parte del sector público contribuye a la reducción de dicho crecimiento... en este caso, la opinión pública tiende a comportarse egoistamente. A todos nos gustaría que el gasto público disminuyera con tal que no sea el que nos beneficia. Todos queremos que los déficits disminuyan, pero mediante impuestos que graven a otros
".

b) Las restricción de la oferta monetaria como única solución posible a la inflación y sus consecuencias secundarias
"Las consecuencias iniciales secundarias de una tasa menor de crecimiento de la oferta monetaria son desagradables: (1) una expansión económica más lenta, durante un período, (2) un índice de desempleo más elevado, y sin que por algún tiempo la inflación disminuya. Los beneficios aparecen aproximadamente sólo uno o dos años después, en la forma de un aumento más moderado de los precios, una economía más saludable, y dotada con un potencial de rápido crecimiento económico no inflacionario".
"...existe otra razón que, al menos en el primer estadio de la enfermedad o desequilibrio, puede ser aún más importante: la falta de un deseo real para acabar con la adicción. Al bebedor le gusta lo que toma; le es difícil aceptar que en realidad es un alcohólico; no está seguro de que quiera curarse. Un país que está sufriendo una inflación de precios se encuentra en la misma posición. La creencia de que la inflación es un problema temporal y moderado debido a circunstancias no corrientes y extrañas, que desaparecerá por sí mismo -cosa que nunca ocurre-, es seductora.

Sin embargo, a medida que la inflación aumenta, más tarde o más temprano daña de tal modo el tejido de la sociedad, crea tal injusticia y sufrimiento que surge un verdadero sentimiento popular para hacer algo a fin de reducir la inflación
".

miércoles, febrero 29, 2012

Sentido común sobre la inflación (II)

Friedman, en el capítulo 9 de su "Libertad de Elegir", revisa una a una "las explicaciones de uso bastante corriente sobre la inflación":

- En primer lugar, se refiere al papel de los SINDICATOS, concluyendo: "los sindicatos pueden prestar servicios realmente útiles a sus miembros, Pueden igualmente hacer bastante daño limitando las oportunidades de empleo de otros trabajadores, pero no son los causantes de la inflación. El aumento salarial por encima del de la productividad constituye una consecuencia de la inflación, no una causa, como algunos pretenden hacernos creer".


- En segundo término, estudia el rol de los EMPRESARIOS en el aumento de los precios de bienes y servicios: "los empresarios no provocan tampoco la inflación. El aumento de los precios de sus productos es una consecuencica o reflejo de otras fuerzas. Sin duda, los empresarios no son en realidad más ambiciosos en los países que han experimentado un aumento muy importante de los precios que en aquellos cuya inflación ha sido pequeña, ni más voraces en un período que en otro.".

- Tercero, respecto a las "causas INTERNACIONALES de la inflación", expresa: "La inflación es un fenómeno mundial en el sentido de que ocurre en muchos países al mismo tiempo, exactamente del mismo modo que los elevados gastos y déficits públicos son fenómenos bien universales. Pero la inflación no es un fenómeno internacional en el sentido de que cada país por separado carece de la capacidad para controlar su propio crecimiento de los precios, al igual que los elevados gastos y los déficits estatales no son debidos a fuerzas que se encuentran más allá del control de cada país".

- En cuarto lugar, Friedman revisa la PRODUCTIVIDAD: "Sin ninguna duda, lo que importa para la inflación es la cantidad de dinero por unidad de producción, pero como hemos observado, de hecho, los cambios en la cantidad de dinero minimizan los que se producen en la cifra de producción. Nada es más importante para el bienestar económico a largo plazo de un país que el crecimeinto de la productividad. Si ésta aumenta a una tasa de un 3,5 por ciento anual, la producción se dobla en un plazo de veinte años; si el incremento es del 5 por ciento anual, en catorce, uan diferencia significativa. Pero la productividad desempeña un papel secundario en la inflación; el dinero es el elemento importante".

El economista norteamericano vuelve una y otra vez a su premisa básica: "La inflación es principlamente un fenómenos monetario, provocado por un crecimiento mayor de la cantidad de dinero que de la producción". Ahondando en esta proposición, añade:
"La afirmación de que la inflación es un fenómeno monetario es importante; sin embargo, es sólo el principio de la respuesta sobre las causas y las soluciones a la inflación... la cuestión más importante consiste en saber por qué se produce un crecimiento excesivo de la oferta monetaria.

Lo que era cierto para el dinero-tabaco (que, recordemos, era utilizado como moneda-mercancía en las colonias británicas en América del Norte), o para la forma ligada al oro y a la plata, con el papel moneda actual, el excesivo crecimiento de la oferta monetaria y, por tanto, la inflación se debe a los Estados (...)

Un gasto público mayor no conducirá a un crecimiento monetario acelerado y a la inflación si ese gasto adicional se financia mediante impuestos o es dinero privado conseguido mediante préstamos. En ese caso, el Estado tiene más dinero para gastar y el ciudadano menos. Un gasto público más elevado se corresponde con unos desembolsos privados menores en cuanto a consumo e inversión. Sin embargo, la imposición fiscal y la obtención de dinero de los ciudadanos mediante préstamos constituyen vías poco atractivas para financiar el gasto público adicional...

El único camino alternativo para financiar unos gastos públicos más elevados estriba en el aumento de la cantidad de dinero...

La financiación del gasto público realizada mediante el aumento de la cantidad de dinero constituye una alternativa a menudo muy atractiva tanto para el Presidente como para los mimebros del Congreso. Les permite aumentar el gasto público y proporcionar bienes y servicios a sus electores, sin tener que aprobar impuestos para hacer frente a los desembolsos, y sin tener que pedir prestado a los ciudadanos (...)

Esta evolución no es privativa de Estados Unidos o de épocas recientes. Desde tiempos inmemoriales, los soberanos -fueran reyes, emperadores, o los parlamentos- han sufrido la tentación de recurrir al aumento de la cantidad de dinero a fin de adquirir recursos para sostener las guerras construir monumentos, u otros fines. A menudo han sucumbido a esta tentación. En este caso, dichos aumentos han ido seguidos, y bastante de cerca, por períodos inflacionarios
".
En esta oportunidad concluimos con una cita que extrae Friedman de la obra "Las consecuencias económicas de la paz", del economista británico John Maynard Keynes:
"El lector puede entender la razón por la que John Maynard Keynes, al examinar las distintas inflaciones que se habían producido tras la Primera Guerra Mundial, escribió: 'No existe un medio más seguro y sutil para alterar las bases existentes de la sociedad que corromper la moneda. El proceso compromete todas las fuerzas escondidas de la ley económica en el lado de la destrucción, y lo hace de un modo tal que ni un hombre en un millón es capaz de diagnosticarlo'".

(CONTINÚA)

martes, febrero 28, 2012

Sentido común sobre la inflación (I)


Hace poco, leyendo un libro viejo que encontré en mi biblioteca, topé con este fragmento, que define y explica sin ambages el fenómeno de la inflación:
"La inflación es una enfermedad, peligrosa y a veces fatal, que si no se remedia a tiempo puede destruir a una sociedad.

(...)

Ningún gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de haber provocado la inflación, ni siquiera en aquellos casos en que la virulencia de ésta es menor. Los funcionarios públicos encuentran siempre alguna escusa: hombres de negocios voraces, sindicatos codiciosos, consumidores depilfarradores, los jeques árabes, el mal tiempo o cualquier otra que parezca, aún remotamente, plausible. Es cierto que los empresarios son voraces; los sindicatos, ambiciosos; los consumidores despilfarran; los jeques árabes han aumentado el precio del petróleo, y las condiciones metereológicas a menudo son malas. Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no puede llevar a un incremento general de los precios de los productos. Puede provocar una subida o bajada temporal de la tasa de inflación. Pero no pueden ser la causa de una inflación continua por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee una máquina de imprimir mediante la cual producir estos trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos...

La inflación no es un fenómeno capitalista. Yugoslavia (sí, el libro data de mediados de los 70 del siglo pasado, cuando existía algo llamado 'telón de acero', 'guerra fría', 'comunismo' -al estilo estalinista, no al estilo chino- y Yugoslavia, un Estado formado por un archipiélago de pequeños países), un país comunista ha experimentado una de las tasas de inflación más rápidas de todos los países europeos; Suiza, uno de los bastiones del capitalismo, una de las más bajas. Tampoco es una manifestación comunista. La China de Mao experimentó una inflación pequeña. Italia, Japón, el Reino Unido, los Estados Unidos, todos ellos países capitalistas desarrollados, han sufrido aumentos sustanciales de los precios a lo largo de la pasada década. En el mundo moderno, la inflación es un fenómeno relacionado con la impresión de billetes
".

A estas alturas, aún los lectores más avezados pueden dudar sobre quién es el autor de estas palabras. La sorpresa no puede ser menor: se trata de Milton Friedman, con su archiconocida obra "Libertad de Elegir", coescrita con Rose Friedman. En ella, aparte de defender a capa y espada el modelo capitalista, hasta el punto de volver a menudo tediosa una lectura interesante por el tono militante que le da a la obra, el autor revisa varios campos en los que propone una serie de medidas para corregir situaciones que no comulgaban con la visión del economista neoclásico -particularmente, la creciente intervención del Estado en la vida social. Un día de estos haré una reseña más detallada del libro, acerca de lo que me parecen sus aciertos, así como los aspectos que adverso, pero hoy me quiero concentrar en el capítulo de la inflación, que no tiene desperdicio y que es verdaderamente útil e instructivo -sobre todo en la realidad económica que actualmente vive Venezuela:
"El reconocimiento de que una inflación importante es siempre y en todos los sitios un fenómeno monetario representa sólo el inicio de una comprensión de las causas y soluciones de la inflación. La cuestión más importante es la siguiente: ¿Por qué los estados modernos aumentan la cantidad de dinero tan rápidamente? ¿Por qué provocan la inflación cuando conocen el daño potencial que pueden ocasionar?".

¿Es algún gobierno capaz de responder cabalmente estas preguntas?

Pero sigamos con Friedman. En el capítulo 9 de su libro, titulado "El remedio a la inflación", el economista estadounidense establece una comparación entre "dos rectángulos de papel de un tamaño aproximadamente igual": un billete de cinco dólares y un pedazo de papel, "tal vez procedente de una revista de moda". "¿Dónde está la diferencia?" se pregunta el profesor de la Escuela de Chicago. ¿Cuál solución propone a esa interrogante? Veamos:

"La respuesta resumida es que cada persona los acepta (a los trozos de papel de color verde con el rostro de Abraham Lincoln en el centro y con denominación de cinco dólares) porque confía en que los otros hagan lo mismo. Estos trozos verdes de papel tienen valor porque todo el mundo piensa que lo tienen. Y lo creen así porque en su experiencia han tenido valor.

(...)

A pesar de que el valor de la moneda se apoya en una ficción, el dinero cumple una función económica extraordinariamente útil, pero también es un artificio. Las fuerzas 'reales' que determinan la riqueza de una nación son la capacidad de sus ciudadanos, su trabajo y su ingenio, los recursos de que disponen, su modo de organización política y económica, etc. Como John Stuart Mill escribió hace más de cien años: 'En resumen, no puede haber, intrínsecamente, en la economía de la sociedad una cosa más insignificante que el dinero; como no sea en el sentido de un mecanismo para ahorrar tiempo y trabajo. Es un instrumento para obtener con rapidez y comodidad lo que se conseguiría, aunque con más lentitud y fatiga, sin él; y al igual que otros muchos tipos de instrumentos, sólo ejerce una influencia independiente y distinta a la propia cuando no funciona'.

Es una descripción perfectamente correcta del papel del dinero, con tal que reconozcamos que la sociedad difícilmente posee otro mecanismo que pueda hacer más daño cuando se avería
".

Sólo así se explica la analogía reseñada al principio de la inflación como una enfermedad. Pero ¿cuál es su orígen? Sin ningún tipo de aspaviento, Friedman lanza su "j'accuse!" (yo acuso):
"Hoy en día, cuando los medios comúnmente aceptados de pago no tienen ninguna relación con una mercancía dada, el estado determina la cantidad de dinero en todos los países. Éste y sólo éste es responsable de cualquier aumento rápido de la cantidad de dinero. Ese hecho real ha constituido la fuente principal de confusión sobre las causas y remedios de la inflación".

Con más detalle, Friedman explica de la siguiente manera, la forma en que surge el fenómeno de la inflación, provocada por su único causante (el Estado):
"Los recursos físicos y humanos disponibles y la mejora en el conocimiento y la capacidad para utilizarlos fijan un límite a la producción. En el mejor de los casos, la producción puede crecer de un modo bastante lento (a menos que seas chino o consideres que 10% -cifra de crecimiento interanual de China durante los últimos 20 años- sea un nivel "bajo" de crecimiento)... La cantidad de dinero-mercancía está sujeta a límites físicos similares, a pesar de que, como muestran los ejemplos del tabaco (utilizado como moneda en las colonias inglesas de Norteamérica), los metales preciosos del nuevo mundo y el oro dutante el siglo diecinueve, el dinero-mercancía ha crecido a veces mucho más rápidamente que la producción. Las formas modernas de dinero -el papel y los asientos contables- no están sujetas a límites físicos. La cantidad nominal, es decir, el número de dólares, libras, marcos u otras unidades monetarias, puede crecer a cualquier tasa, y a veces los aumentos de ésta pueden ser fantásticos".

(CONTINÚA)

Milton y su esposa (y coautora de "Libertad de Elegir", entre otros libros), Rose Director Friedman.

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