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lunes, enero 13, 2025

Morgan Housel y "La Psicología del Dinero" (XII) - Hiperactividad vs. Efecto Compuesto

Continúo con una nueva entrega de la traducción del artículo de Morgan Housel, "La Psicología del Dinero", en el que desarrolla 20 falacias en nuestra relación con el dinero y que fue el punto de partida para su libro homónimo, que se convirtió en un éxito en ventas. Veamos:

12. A tendency toward action in a field where the first rule of compounding is to never interrupt it unnecessarily.

[12. Una tendencia a la acción en un campo donde la primera regla de la capitalización es nunca interrumpirla innecesariamente.]

El finado Charlie Munger, mano derecha de Warren Buffett, Vicepresidente de Berkshire Hathaway y hombre sabio donde los haya, solía decir que la primera regla del efecto compuesto es no interrumpirlo innecesariamente. 

If your sink breaks, you grab a wrench and fix it. If your arm breaks, you put it in a cast.

[Si tu fregadero se rompe, tomas una llave y lo reparas. Si se te rompe el brazo, te ponen un yeso.]

What do you do when your financial plan breaks?

[¿Qué haces cuando tu plan financiero fracasa?]

The first question – and this goes for personal finance, business finance, and investing plans – is how do you know when it’s broken?

[La primera pregunta (y esto se aplica a las finanzas personales, las finanzas comerciales y los planes de inversión) es ¿cómo sabemos cuándo está roto?]

A broken sink is obvious. But a broken investment plan is open to interpretation. Maybe it’s just temporarily out of favor? Maybe you’re experiencing normal volatility? Maybe you had a bunch of one-off expenses this quarter but your savings rate is still adequate? It’s hard to know.

Un fregadero roto es obvio. Pero un plan de inversión fracasado está abierto a la interpretación. ¿Acaso simplemente perdió popularidad temporalmente? ¿Quizás estás experimentando una volatilidad normal? ¿Quizás tuviste muchos gastos únicos este trimestre pero tu tasa de ahorro sigue siendo adecuada? Es difícil saberlo.

When it’s hard to distinguish broken from temporarily out of favor, the tendency is to default to the former, and spring into action. You start fiddling with the knobs to find a fix. This seems like the responsible thing to do, because when virtually everything else in your life is broken, the correct action is to fix it.

[Cuando es difícil distinguir entre el fracaso de lo que temporalmente ha caído en desgracia, la tendencia es optar por el primero y entrar en acción. Empiezas a jugar con los botones para encontrar una solución. Esto parece ser lo más responsable, porque cuando prácticamente todo lo demás en tu vida está roto, la acción correcta es repararlo.]

There are times when money plans need to be fixed. Oh, are there ever. But there is also no such thing as a long-term money plan that isn’t susceptible to volatility. Occasional upheaval is usually part of a standard plan.

[Hay ocasiones en las que es necesario arreglar los planes monetarios. Sí que las hay. Pero no existe un plan monetario a largo plazo que no sea susceptible a la volatilidad. Los trastornos ocasionales suelen formar parte de un plan estándar.]

When volatility is guaranteed and normal, but is often treated as something that needs to be fixed, people take actions that ultimately just interrupts the execution of a good plan. “Don’t do anything,” are the most powerful words in finance. But they are both hard for individuals to accept and hard for professionals to charge a fee for. So, we fiddle. Far too much.

Cuando la volatilidad está garantizada y es normal, pero a menudo es tratada como algo que debe repararse, las personas toman medidas que, en última instancia, simplemente interrumpen la ejecución de un buen plan. “No hagas nada”, son las palabras más poderosas en finanzas. Pero son difíciles de aceptar tanto para los individuos como para los profesionales que cobran una tarifa. Entonces, manipulamos las cosas. Demasiado.

¿Qué puedo aprender de lo anterior?

- Charlie Munger solía decir que "la primera regla de la capitalización (o "efecto/interés compuesto") es nunca interrumpirla innecesariamente". Esta es un recomendación para la inacción en materia de finanzas cuando las cosas parecen volverse sombrías.

- Es obvio, si algo se rompe, la reacción normal es arreglarlo. Sin embargo, cuando un plan financiero fracasa, a menudo la mejor acción es no hacer nada. Esperar. Por eso, mucha gente compra una acción con un precio en máximos históricos para luego arrepentirse cuando el mercado cae, vendiendo la acción por debajo de su valor real, cuando lo mejor hubiese sido simplemente no hacer nada y esperar la recuperación del mercado, en lugar de materializar pérdidas. 

- No existe un plan monetario a largo plazo que sea inmune a la volatilidad de los mercados. Los trastornos ocasionales suelen formar parte de un plan normal. En estos casos, lo mejor que puedes hacer es no hacer nada.

Es todo por el momento. Espero que el contenido sea de provecho e interés. ¡Hasta la próxima!

Links de interés:

- The Psychology of Money (artículo original de Morgan Housel, en inglés).

- Parte XI de la serie.

domingo, enero 05, 2025

Morgan Housel y "La Psicología del Dinero" (VIII) - El Poder del "Efecto Compuesto"

Continúo con la traducción del artículo de Morgan Housel, The Psichology of Money, en el cual aborda 20 falacias en nuestra relación con el dinero, y que le dio origen al libro del mismo nombre (traducido en español como “La Psicología del Dinero” y “Como Piensan los Ricos”); veamos:

8. Underappreciating the power of compounding, driven by the tendency to intuitively think about exponential growth in linear terms.

[8. Subestimar el poder de la capitalización (= “efecto compuesto”), impulsado por la tendencia a pensar intuitivamente en el crecimiento exponencial en términos lineales.]

IBM made a 3.5 megabyte hard drive in the 1950s. By the 1960s things were moving into a few dozen megabytes. By the 1970s, IBM’s Winchester drive held 70 megabytes. Then drives got exponentially smaller in size with more storage. A typical PC in the early 1990s held 200-500 megabytes.

[IBM fabricó un disco duro de 3,5 megabytes en la década de 1950. En la década de 1960, las cosas se estaban moviendo hacia unas pocas docenas de megabytes. En la década de 1970, el disco Winchester de IBM tenía 70 megabytes. Luego, las unidades se volvieron exponencialmente más pequeñas y con más almacenamiento. Una PC típica de principios de la década de 1990 tenía entre 200 y 500 megabytes.]

And then … wham. Things exploded.

[Y luego… ¡zas! Las cosas explotaron.]

1999 – Apple’s iMac comes with a 6 gigabyte hard drive.

[1999 – El iMac de Apple viene con un disco duro de 6 gigabytes.]

2003 – 120 gigs on the Power Mac.

[2003 - 120 gigas en la Power Mac.]

2006 – 250 gigs on the new iMac.

[2006 – 250 gigas en el nuevo iMac.]

2011 – first 4 terabyte hard drive.

[2011: primer disco duro de 4 terabytes.]

2017 – 60 terabyte hard drives.

[2017 – Discos duros de 60 terabytes.]

Now put it together. From 1950 to 1990 we gained 296 megabytes. From 1990 through today we gained 60 million megabytes.

[Ahora únalo. De 1950 a 1990 ganamos 296 megas. Desde 1990 hasta hoy ganamos 60 millones de megabytes.]

The punchline of compounding is never that it’s just big. It’s always – no matter how many times you study it – so big that you can barely wrap your head around it. In 2004 Bill Gates criticized the new Gmail, wondering why anyone would need a gig of storage. Author Steven Levy wrote, “Despite his currency with cutting-edge technologies, his mentality was anchored in the old paradigm of storage being a commodity that must be conserved.” You never get accustomed to how quickly things can grow.

[La clave de la capitalización no es que sea simplemente grande. Sino que, no importa cuántas veces la estudies, siempre es tan grande que apenas puedes comprenderla. En 2004, Bill Gates criticó el nuevo Gmail y se preguntó por qué alguien necesitaría un gigabyte de almacenamiento. El autor Steven Levy escribió: “A pesar de su compromiso con las tecnologías de vanguardia, su mentalidad estaba anclada en el viejo paradigma de que el almacenamiento es un bien que debe conservarse”. Nunca te acostumbras a lo rápido que pueden crecer las cosas.]

I have heard many people say the first time they saw a compound interest table – or one of those stories about how much more you’d have for retirement if you began saving in your 20s vs. your 30s – changed their life. But it probably didn’t. What it likely did was surprise them, because the results intuitively didn’t seem right. Linear thinking is so much more intuitive than exponential thinking. Michael Batnick once explained it. If I ask you to calculate 8+8+8+8+8+8+8+8+8 in your head, you can do it in a few seconds (it’s 72). If I ask you to calculate 8x8x8x8x8x8x8x8x8, your head will explode (it’s 134,217,728).

[He escuchado a muchas personas decir que la primera vez que vieron una tabla de interés compuesto, o una de esas historias sobre cuánto más tendría para la jubilación si comenzara a ahorrar entre los 20 y los 30, les cambió la vida. Pero probablemente no fue así. Lo que probablemente hizo fue sorprenderlos, porque los resultados intuitivamente no parecían correctos. El pensamiento lineal es mucho más intuitivo que el pensamiento exponencial. Michael Batnick lo explicó una vez. Si te pido que calcules 8+8+8+8+8+8+8+8+8 en tu cabeza, puedes hacerlo en unos segundos (es 72). Si te pido que calcules 8x8x8x8x8x8x8x8x8, te explotará la cabeza (son 134.217.728).]

Michael Batnick es un bloguero y analista financiero estadounidense, autor del libro Big Mistakes: The Best Investors and Their Worst Investments [“Grandes Errores: los mejores inversionistas y sus peores inversiones”], donde describe la manera en que grandes nombres como Warren Buffett y Bill Ackman fallaron en sus inversiones y sobre las lecciones aprendidas que les ayudaron a formular las estrategias exitosas que los hicieron seguir adelante. Actualmente, edita el blog The Irrelevant Investor.

The danger here is that when compounding isn’t intuitive, we often ignore its potential and focus on solving problems through other means. Not because we’re overthinking, but because we rarely stop to consider compounding potential.

[El peligro aquí es que, dado que la capitalización no es intuitiva, a menudo ignoramos su potencial y nos concentramos en resolver los problemas por otros medios. No porque estemos pensando demasiado, sino porque rara vez nos detenemos a considerar el potencial del efecto compuesto.]

There are over 2,000 books picking apart how Warren Buffett built his fortune. But none are called “This Guy Has Been Investing Consistently for Three-Quarters of a Century.” But we know that’s the key to the majority of his success; it’s just hard to wrap your head around that math because it’s not intuitive. There are books on economic cycles, trading strategies, and sector bets. But the most powerful and important book should be called “Shut Up And Wait.” It’s just one page with a long-term chart of economic growth. Physicist Albert Bartlett put it: “The greatest shortcoming of the human race is our inability to understand the exponential function.”

[Hay más de 2000 libros que analizan cómo Warren Buffett construyó su fortuna. Pero ninguno se llama “Este tipo ha estado invirtiendo constantemente durante tres cuartos de siglo”. Pero sabemos que esa es la clave de la mayor parte de su éxito; simplemente es difícil entender esas matemáticas porque no son intuitivas. Hay libros sobre ciclos económicos, estrategias comerciales y apuestas sectoriales. Pero el libro más poderoso e importante debería llamarse “Cállate y espera”. Es sólo una página con un gráfico de crecimiento económico a largo plazo. El físico Albert Bartlett lo expresó: “El mayor defecto de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial”.]

The counterintuitiveness of compounding is responsible for the majority of disappointing trades, bad strategies, and successful investing attempts. Good investing isn’t necessarily about earning the highest returns, because the highest returns tend to be one-off hits that kill your confidence when they end. It’s about earning pretty good returns that you can stick with for a long period of time. That’s when compounding runs wild.

[El carácter contraintuitivo de la capitalización (o “efecto compuesto”) es responsable de la mayoría de las operaciones decepcionantes, las malas estrategias y los intentos de inversión exitosos. Una buena inversión no se trata necesariamente de obtener los mayores rendimientos, porque los mayores rendimientos tienden a ser éxitos puntuales que acaban con la confianza cuando terminan. De lo que se trata es de obtener rendimientos bastante buenos que puedas mantener durante un largo período de tiempo. Ahí es cuando la capitalización crece salvajemente.]

¿Qué puedo aprender de lo anterior?

- El octavo error que nos presenta Housel en su artículo es “subestimar el poder de la capitalización” (o “efecto compuesto”), que se da por nuestra tendencia a pensar intuitivamente que el crecimiento exponencial se da en linealmente (y no exponencialmente). Pensamos que el interés compuesto crece de manera lineal a lo largo del tiempo (ver gráfico inferior), pero en realidad hay avances y retrocesos, aunque lo relevante es que, en el largo plazo, se forma una masa crítica que en determinando momento genera resultados exponenciales.


Si calculamos el interés compuesto que devengan $2000 de inversión inicial, con una tasa anual de 5% (línea turquesa), 10% (línea roja) y 15% (línea azul oscuro), con aportes mensuales de $20 (1% del monto inicial), hay 3 resultados posibles según el panorama temporal: 1) el inferior, de $10.308 (16 años) y $13.645 (20 años); 2) el medio, de $19.249 (16 años) y $29.843 (20 años) y 3) el superior, de $37.497 (16 años) y $69.375 (20 años). Sin embargo, en la realidad, estos resultados lineales no son la regla. Lo relevante, es que en el efecto compuesto, los resultados se hacen exponenciales (y explotan) cuando ha transcurrido mucho tiempo de acumulación, más allá de los altibajos de cada período.

 - La capitalización o efecto compuesto ocurre en diversas facetas de la vida; por ejemplo, con el aumento de la capacidad de los chips y las memorias de trabajo de los equipos de computación. Así ocurre también con los buenos o malos hábitos (financieros -como el ahorro y la inversión-, de salud - como hacer ejercicio o fumar, entre muchas otras cosas-) practicados constantemente, que  tienen un efecto acumulativo y exponencial que se manifiesta con el paso del tiempo. Sin embargo, nunca te acostumbras a lo rápido que pueden crecer las cosas. 

- El pensamiento lineal (por ejemplo, si calculamos mentalmente 8+8+8+8+8+8+8+8+8=72), es más fácil y rápido, por lo tanto, es más intuitivo. En cambio, el pensamiento exponencial (calcular 8x8x8x8x8x8x8x8x8) requiere de un mayor esfuerzo mental, lo que lo hace contraintuitivo. Esto es fuente de los principales malentendidos, porque muy raras veces nos detenemos a considerar el verdadero potencial del efecto compuesto.

- Hay miles de libros sobre las estrategias de Warren Buffett para edificar su fortuna, aunque todos pudieron resumirse simplemente en “invierte, cállate y espera”. La mayoría de las operaciones decepcionantes y los malos resultados en materia de inversión tienen su base en ese carácter contraintuitivo de la capitalización (o “efecto compuesto”). Una buena inversión no se trata necesariamente de obtener los mayores rendimientos (estos tienden a ser éxitos puntuales que minan la confianza en cuanto terminan), sino de obtener buenos rendimientos sostenibles durante largos períodos de tiempo. Ahí es cuando la capitalización crece salvajemente y se da el denominado “efecto bola de nieve”.

Es todo por ahora. Espero que el contenido sea provechoso e interesante. ¡Hasta la próxima!

Fuentes y links de interés:

- The Psychology of Money (artículo original de Morgan Housel, en inglés).

- Parte VII de la serie.

lunes, diciembre 23, 2024

Morgan Housel y "La Psicología del Dinero" (I) - El Comportamiento sobre el Dinero

Morgan Housel y dos versiones de su libro en español.

Morgan Housel es un economista de la University of Southern California (Universidad del Sur de California), trabajó en el Wall Street Journal y en The Motley Fool como columnista y analista. Actualmente forma parte de la mesa directiva de la aseguradora Markel y es socio del fondo de capital Collaborative Fund. 

Housel ha sido un autor bestseller gracias a sus libros The Psychology of Money ["La Psicología del Dinero", también publicado como "Como piensan los ricos"]  (2020) y Same As Ever [cuyo título en español es "Lo que nunca cambia"] (2023). Sus libros han vendido más de 7 millones de copias y han sido traducidos a más de 60 idiomas.

En el primer libro, nuestro personaje expone que la riqueza no es fruto de nuestra inteligencia, talento o trabajo, sino de nuestro comportamiento. En efecto, tratándose del dinero, no importa tanto lo listo que seas sino más bien cómo te comportas. Y es que tendemos a pensar en la inversión o la gestión de las finanzas personales como una disciplina matemática, en la que los datos y las fórmulas nos dicen exactamente qué hacer. Sin embargo, el rasgo que define a las personas que logran enriquecerse no es su destreza con los números, ni su salario o su talento, sino su historia personal, sus motivaciones y su visión única del mundo.

Un genio que pierde el control de sus emociones puede ser un desastre financiero. Y lo mismo vale en caso contrario: gente sin ninguna formación en finanzas puede enriquecerse si cuenta con unos cuantos patrones de comportamiento. Esto es impensable en otras disciplinas como la arquitectura o la medicina, pero es fundamental en el campo de las finanzas. A partir de ciertas claves, Morgan Housel enseña cuáles son los hábitos y conductas que ayudan a generar riqueza y a conservarla.

La idea y los lineamientos originales del libro ya se encuentran delineados en un artículo publicado en su blog personal en 2018, con el mismo título del libro: La Psicología del Dinero. Y fiel a mi costumbre de traducir documentos excepcionales sobre gestión, inversiones y economía, incluso motivación (por ejemplo, La declaración de objetivos de la película Jerry Maguire), a continuación y por los siguientes días lo publicaré en sus versiones inglés y español. Veamos:

The Psychology of Money
by Morgan Housel
@morganhousel
Jun 1, 2018

Let me tell you the story of two investors, neither of whom knew each other, but whose paths crossed in an interesting way.

[Déjame contarte la historia de dos inversores, ninguno de los cuales se conocía, pero cuyos caminos se cruzaron de una manera interesante.]

Grace Groner was orphaned at age 12. She never married. She never had kids. She never drove a car. She lived most of her life alone in a one-bedroom house and worked her whole career as a secretary. She was, by all accounts, a lovely lady. But she lived a humble and quiet life. That made the $7 million she left to charity after her death in 2010 at age 100 all the more confusing. People who knew her asked: Where did Grace get all that money?

[Grace Groner quedó huérfana a los 12 años. Nunca se casó. Nunca tuvo hijos. Nunca condujo un auto. Vivió la mayor parte de su vida sola en una casa de un dormitorio y trabajó toda su carrera como secretaria. Ella era, según todos los indicios, una dama encantadora. Pero vivió una vida humilde y tranquila. Eso hizo que los 7 millones de dólares que dejó a la caridad después de su muerte en 2010, a los 100 años, fueran aún más confusos. Las personas que la conocían preguntaban: ¿De dónde sacó Grace todo ese dinero?]

 
Grace Groner, una simple Secretaria de vida frugal y modesta, dejó al momento de morir una fortuna de $7 millones de dólares a su universidad, para becas.  

But there was no secret. There was no inheritance. Grace took humble savings from a meager salary and enjoyed eighty years of hands-off compounding in the stock market. That was it.

[Pero no había ningún secreto. No hubo herencia. Grace tomó humildes ahorros de un salario exiguo y disfrutó de ochenta años de capitalización sin intervención -sin trading- en el mercado de valores. Eso fue todo.]

Weeks after Grace died, an unrelated investing story hit the news.

[Unas semanas después de la muerte de Grace, una historia de inversión sin relación con la anterior apareció en las noticias.]

Richard Fuscone, former vice chairman of Merrill Lynch’s Latin America division, declared personal bankruptcy, fighting off foreclosure on two homes, one of which was nearly 20,000 square feet and had a $66,000 a month mortgage. Fuscone was the opposite of Grace Groner; educated at Harvard and University of Chicago, he became so successful in the investment industry that he retired in his 40s to “pursue personal and charitable interests.” But heavy borrowing and illiquid investments did him in. The same year Grace Goner left a veritable fortune to charity, Richard stood before a bankruptcy judge and declared: “I have been devastated by the financial crisis … The only source of liquidity is whatever my wife is able to sell in terms of personal furnishings.”

[Richard Fuscone, ex vicepresidente de la división de América Latina de Merrill Lynch, se declaró en quiebra personal, luchando contra la ejecución hipotecaria de dos casas, una de las cuales tenía casi 20.000 pies cuadrados y tenía una hipoteca de 66.000 dólares al mes. Fuscone era el opuesto a Grace Groner; Educado en Harvard y en la Universidad de Chicago, tuvo tanto éxito en las inversiones que se jubiló cuando tenía 40 años para “perseguir intereses personales y caritativos”. Pero los fuertes préstamos y las inversiones poco líquidas acabaron con él. El mismo año en que Grace Goner dejó una verdadera fortuna a la caridad, Richard compareció ante un juez de quiebras y declaró: “He quedado devastado por la crisis financiera... La única fuente de liquidez es cualquier cosa que mi esposa sea capaz de vender en términos de mobiliario personal”.]

Richard Fuscone continúa activo en el mundo de las inversiones, pero con antecedentes controversiales de quiebra y mal desempeño. 

The purpose of these stories is not to say you should be like Grace and avoid being like Richard. It’s to point out that there is no other field where these stories are even possible.

[El propósito de estas anécdotas no es decir que debes ser como Grace y evitar ser como Richard*. Es para señalar que no existe ningún otro campo donde estas historias sean siquiera posibles.]

* Aunque evidentemente obvia, una recomendación semejante es muy oportuna. 

In what other field does someone with no education, no relevant experience, no resources, and no connections vastly outperform someone with the best education, the most relevant experiences, the best resources and the best connections? There will never be a story of a Grace Groner performing heart surgery better than a Harvard-trained cardiologist. Or building a faster chip than Apple’s engineers. Unthinkable. 

But these stories happen in investing.

[¿En qué otro campo alguien sin educación, sin experiencia relevante, sin recursos y sin conexiones supera ampliamente a alguien con la mejor educación, las experiencias más relevantes, los mejores recursos y las mejores conexiones? Nunca habrá una historia de una Grace Groner realizando una cirugía cardíaca mejor que un cardiólogo formado en Harvard. O construir un chip más rápido que los ingenieros de Apple. Inconcebible.

Pero estas historias suceden en las inversiones.]

That’s because investing is not the study of finance. It’s the study of how people behave with money. And behavior is hard to teach, even to really smart people. You can’t sum up behavior with formulas to memorize or spreadsheet models to follow. Behavior is inborn, varies by person, is hard to measure, changes over time, and people are prone to deny its existence, especially when describing themselves.

[Esto es porque la inversión no es el estudio de las finanzas. Es el estudio de cómo la gente se comporta con el dinero. Y el comportamiento es difícil de enseñar, incluso a personas verdaderamente inteligentes. No se puede resumir el comportamiento con fórmulas para memorizar ni modelos de hojas de cálculo que seguir. El comportamiento es innato, varía según la persona, es difícil de medir, cambia con el tiempo y las personas tienden a negar su existencia, especialmente cuando se describen a sí mismas.]

Grace and Richard show that managing money isn’t necessarily about what you know; it’s how you behave. But that’s not how finance is typically taught or discussed. The finance industry talks too much about what to do, and not enough about what happens in your head when you try to do it.

[Grace y Richard muestran que administrar el dinero no se trata necesariamente de lo que sabes; sino de cómo te comportas. Pero no es así como normalmente se enseñan o discuten las finanzas. La industria financiera habla demasiado sobre qué hacer y no lo suficiente sobre lo que pasa por tu cabeza cuando intentas hacerlo.]

This report describes 20 flaws, biases, and causes of bad behavior I’ve seen pop up often when people deal with money.

[Este informe describe 20 defectos, prejuicios y causas de mal comportamiento que he visto aparecer con frecuencia cuando la gente trata con dinero.]

En las siguientes entregas continuaré con las causas del mal comportamiento financiero que identifica Housel y cómo impactan nuestro rendimiento y nuestro camino hacia el éxito económico. Por el momento es esencial tener en cuenta que las historias contrastadas de Grace Groner y Richard Fuscone resaltan varias diferencias clave en sus acciones financieras y resultados de vida:

1. Frugalidad vs. extravagancia: Grace Groner vivió una vida frugal, ahorrando diligentemente y evitando gastos innecesarios, mientras que Richard Fuscone llevó un estilo de vida extravagante, gastó generosamente y acumuló importantes deudas.

2. Estrategias de inversión: Grace Groner adoptó una estrategia de inversión conservadora, centrándose en el crecimiento a largo plazo y en el poder del efecto compuesto, al tiempo que Richard Fuscone se involucró en inversiones de alto riesgo, aprovechando en gran medida su riqueza.

3. Gestión de la deuda: Grace Groner evitó deudas, vivió por debajo de sus posibilidades y así se garantizó la seguridad financiera; por su parte, Richard Fuscone dependía de una deuda importante, que se volvió insostenible durante la crisis financiera de 2008.

4. Legado: Grace Groner dejó uno muy relevante para su comunidad, donando 7 millones de dólares a instituciones de educación superior; Richard Fuscone terminó en la ruina financiera, con poco (o nada) que dejar atrás.

En conclusión, es esencial tener en cuenta las siguientes lecciones de todo lo anterior:

1) La riqueza no es tanto fruto de la inteligencia, el talento o trabajo, sino del comportamiento: tratándose del dinero, no importa lo brillante que seamos sino de cómo nos comportamos.

2) Aunque no sea el propósito último del artículo de Morgan Housel, trata de ser más como Grace Groner y menos como Richard Fuscone.

Es todo por el momento. Espero que el contenido sea de tu agrado y provecho. Hasta la próxima, ¡Saludos!

Fuentes, Inspiración y Créditos:

- The Psychology of Money (artículo de Morgan Housel).

- The Rise and Fall of Money: Contrasting Story of Ronald James Read vs. Richard Fuscone (Sherin Devassy).

martes, noviembre 26, 2024

Más sobre Anne Scheiber

En una entrada anterior presenté la historia de Anne Scheiber y su logro extraordinario de alcanzar, luego de jubilarse y tras largos años de inversión paciente, la cifra extraordinaria de 22 millones de dólares, aun cuando padeció la discriminación usual para entonces, al ser una mujer judía en la Nueva York de mediados del siglo XX.

En esta ocasión, ahondaré un poco más sobre los métodos de Scheiber durante su itinerario en el campo de las inversiones en Bolsa de valores, que transitó pacientemente a lo largo de muchos años, haciendo gala de una frugalidad a toda  prueba, informándose y asesorándose debidamente. Aunque sus logros puedan parecernos extraordinarios a los ojos de hoy, queda fuera de toda duda que se puede aprender de su experiencia y tratar de aplicar sus lecciones en nuestra propia vida.

1. La Paciencia

En primer lugar, hablemos sobre la paciencia. Cuando leemos sobre la vida de Anne, podemos aprender que un elemento primordial para el éxito en la inversión es actuar en el largo plazo, comprando acciones de compañías líderes que aumentan constantemente sus ganancias. Esto permite con el tiempo construir una sólida cartera diversificada que puede ayudar a suavizar las caídas, recesiones y los golpes de las empresas que fracasan.

2. La Frugalidad

En segundo lugar, respecto a su proverbial frugalidad, dado que Anne no obtuvo promociones y aumentos, terminó recortando sus gastos hasta la médula. De esta manera, entendió las matemáticas simples que hay detrás de la jubilación anticipada. Cuando leemos comentarios sobre Anne, todos se centran en su extraordinaria frugalidad y capacidad de ahorro. Vivió en su apartamento de alquiler durante 51 años después de su jubilación, usaba ropa vieja y ahorraba en los gastos de comida. Su entretenimiento consistía en ir al cine, leer informes de bolsa, analizar compañías y leer. Nunca se casó ni tuvo hijos.

Muchos de los comentarios negativos hacia Anne provienen generalmente de personas que no entienden el poder de la capitalización y el enriquecimiento a una edad avanzada. Como se ha mencionado, Anne era muy frugal, y se las arregló para ahorrar el 80% de su salario para terminar con su cartera de inversión. Tuvo que velar por sí misma toda su vida, así que esa pequeña cartera era su forma de recuperar su independencia de un mundo que la discriminaba. Era para permitirle vivir su vida en sus propios términos, lo cual es admirable.

3. La Curiosidad

En tercer lugar, Anne se mantenía informada sobre sus inversiones y mantenía contacto con sus asesores de inversiones. Muchos inversores exitosos tienden a vivir hasta una edad avanzada. Tal vez se deba a que invertir en acciones es una actividad muy estimulante, porque requiere una investigación constante, aprender nuevos hechos e ideas y descartar los viejos hechos e ideas que no funcionan o que están totalmente equivocados. También ofrece la oportunidad de descubrir la próxima gran empresa. La diversificación y la inversión a largo plazo funcionan de maravilla para aquellos que son lo suficientemente pacientes para capitalizar ("componer") su dinero durante décadas. 

Una de las cosas más interesantes del camino de inversión transitado por Ana, es la idea de la inversión como el único campo en el que, si eres bueno, tu raza, género o nacionalidad no importan, ya que es una verdadera meritocracia. Y si mantienes tu dinero invertido el tiempo suficiente, podrás terminar con mucho dinero al final de tu vida.

4. El Efecto Compuesto

Según las estimaciones, es probable Anne que haya beneficiado del efecto compuesto sobre su dinero a una tasa de 14% - 15% al año, aproximadamente, durante un extenso período de tiempo. Cuando se compone el dinero en el largo plazo a una alta tasa de retorno como esa, la cantidad con la que se inicia termina siendo realmente pequeña en comparación con la cantidad final.

Si hacemos un cálculo simple en el que proyectamos la capitalización de unos $20.000 iniciales a una tasa de retorno compuesto del 15% durante 50 años, para trazar los paralelismos con la trayectoria de Anne Scheiber, partiendo de 1944, con una ganancia de $600 por dividendos anuales (esto es, a una rentabilidad de 3% al año), en períodos de 10 años, el resultado sería el siguiente:

- En 1954, su cartera habría crecido a $80.900, ganando $2.427 en dividendos al año.

- En 1964, el portafolio tendría un valor de $327.330, ganando $9.820 en dividendos anuales.

- En 1974, su cartera crecería $1.324.000 y habría generado un ingreso de $39.700 al año.

- En 1984, su cartera tendría un valor de $5.357.000, generando $160.700 dólares en dividendos.

- Finalmente, en 1994/1995, su cartera tendría un valor de $22.000.000, generando $750.000 en dividendos.

Por lo tanto, si asumimos que Scheiber partió su camino de inversión con $20.000 dólares en 1944, ese dinero podría haberle generado más de $500 dólares en dividendos anuales. Si ella realmente ahorraba el 80% de su salario de $3.150 hacia 1944, ese ingreso de dividendos habría sido suficiente para vivir. Pero eso también significaba que tenía que ser extremadamente frugal para sobrevivir. No estamos seguros de si tenía una pensión o un cheque de la Seguridad Social, pero es probable que esta fuera una pequeña cantidad, a la cual no podría haber accedido hasta los 62 años.

Si Anne realmente capitalizaba su dinero a un 15% anual, eso significa que sus ahorros se duplicaban cada 5 años. Está claro que los retornos compuestos del mercado de valores no son lineales, a veces los retornos al principio del viaje son más altos que los retornos al final. Asumamos que los ahorros de Anne ni siquiera comenzaron a producir suficientes dividendos que reemplazaran su salario hasta una década después de su retiro. Para entonces, sus hábitos frugales ya estarían establecidos y contaba con 60 años. 

Es un hecho puramente matemático que, si empiezas con una cantidad decente de dinero, lo combinas con una tasa de retorno decente y lo combinas durante un largo período de tiempo, terminarás con mucho dinero. Probablemente más dinero que el estrictamente necesario para satisfacer las necesidades. Pero si tiene 22 millones de dólares en el momento de su muerte a los 101, significa que pasó mucho tiempo ahorrando, invirtiendo y capitalizando gran parte de sus ingresos desde que se jubiló a los 51. 

Mucha gente no entiende el papel de la capitalización durante largos períodos de tiempo, y su influencia determinante en hacerse realmente rico, aunque lean sobre Warren Buffett, y lo admiren. Sin embargo, lo más probable es que Anne Scheiber haya tenido una personalidad similar a la de Buffett: a ambos les gustaba ahorrar e invertir su dinero, y lo hicieron durante largos períodos de tiempo.

Para poner las cosas en perspectiva, a los 52 años, Warren Buffett tenía una fortuna de unos $400 millones, lo que es muchísimo dinero. A la edad de 90 años su patrimonio aumentó a $78 mil millones. Durante casi 40 años, continuó acumulando dinero a una tasa de retorno muy alta.

La idea de Anne de que la forma más fácil de hacerse rico en América es a través de la propiedad de acciones está ampliamente apoyada por el análisis y los datos disponibles hoy día. En el gráfico, el rendimiento de las acciones considerado durante 200 años (1802-2002) en comparación con los bonos, las letras del tesoro, el oro y el índice de precios al consumidor (CPI).

Esto nos permite considerar lo siguiente: mientras que una carrera laboral normal usualmente dura unos 30 - 40 años, un retiro usual también podría ronda otros 30 - 40 años. Una pareja de jubilados debería acumular ahorros para proveer las necesidades de ambos durante ese tiempo. Sin embargo, si lo pensamos bien, muchos padres quieren proporcionar una base sólida para sus hijos e incluso sus nietos. Como resultado, un jubilado típico debería planificar su patrimonio durante más de 30 o 40 años: puede que tenga que pensar en una estrategia a prueba de balas que le permita capitalizar su dinero durante 50 años o más.

En suma, las principales lecciones que podemos aprender de la historia de Anne Scheiber son las siguientes:

1.  Actuar con paciencia y visión de largo plazo (más que años, décadas), invirtiendo regularmente en compañías que podemos entender.

2. Practicar la frugalidad para acumular un capital inicial de inversión y mantener aportes constantes.

3. Mantenerse informados sobre el mercado de valores y atender el consejo de buenos asesores.

4. Reinvertir los dividendos para beneficiarse del efecto compuesto.

Advertencia: las consideraciones expresadas en este blog no son recomendaciones de inversión, sino simplemente un marco para el aprendizaje y la reflexión. Si le interesa ahondar más en el tema, debe profundizar su análisis leyendo reportes e informes y asesorándose debidamente con ayuda profesional.

Es todo por el momento. Espero que el contenido sea de provecho e interés. Hasta la próxima.

Créditos: Cómo Anne Scheiber ganó 22 millones de dólares invirtiendo en acciones con crecimiento de dividendos (The Finanzial).

lunes, noviembre 25, 2024

La historia de Ronald Read: de vivir como bedel a morir siendo millonario

La semana pasada publiqué una entrada sobre una mujer extraordinaria, Anne Scheiber, quien a pesar de sus orígenes humildes y de haber sufrido discriminación por ser mujer y judía, llegó a acumular una fortuna de 22 millones de dólares desde la mitad de sus 101 años de vida. Ahora voy a hablar de un caballero que logró una hazaña semejante desarrollando unos hábitos muy parecidos.

La foto del anuario del personaje de hoy: un joven Ronald James Read, a cuyo pie decía lo siguiente: It is tranquil people who accomplish much ("Es la gente callada la que logra mucho").

Ronald James Read nació el 23 de octubre de 1921 en Dummerston, Vermont, Estados Unidos, en una familia empobrecida dedicada a la agricultura. Debido a su origen humilde, para asistir a la escuela secundaria debía caminar 6 km hasta Brattleboro, la ciudad más cercana a su pueblo. 

Fue el primer graduado de secundaria en su familia. Durante la Segunda Guerra Mundial, ingresó al  Ejército de los Estados Unidos y vio acción en el norte de África, Italia y el Pacífico. Al regresar a Brattleboro después de su baja honorable en 1945, trabajó en una estación de servicio durante casi 25 años. Aparentemente no disfrutó mucho de la jubilación y prefirió “retirarse de su jubilación” para continuar trabajando como bedel (conserje) a tiempo parcial en una tienda J. C. Penney durante 17 años, antes de retirarse en 1997.

A pesar de su modesto estilo de vida, Read acumuló una fortuna de casi 8 millones de dólares, invirtiendo en acciones que generaban dividendos y evitando invertir en empresas que no entendía. Su estrategia implicaba comprar y mantener acciones en un portafolio diversificado, con una fuerte concentración en empresas sólidas.

Después de su muerte en junio de 2014, Ronald dejó una herencia de $1,2 millones a la Biblioteca Memorial Brooks y $4,8 millones al Hospital Memorial Brattleboro. 

¿Cómo se las arregló Ronald Read para lograr una fortuna de 8 millones de dólares? Además de ser bueno seleccionando acciones, demostró una notable frugalidad y paciencia, lo que le proporcionó muchos años de crecimiento compuesto.

Read vivía modestamente, trabajando como personal de mantenimiento y conserje en una tienda después de un largo período en una estación de servicio que en parte era propiedad de su hermano.

Sentado, de gorra, un anciano Ronald Read espera el café al tomar desayuno.

Quienes lo conocieron hablan de cómo a veces usaba prendedores para sujetar su abrigo y estacionaba su Toyota Yaris 2007 lejos de donde iba para evitar alimentar el parquímetro. Según Bridget Bokum, asociada senior de clientes en el banco Wells Fargo de Brattleboro, quien lo ayudaba con su patrimonio: “Si podía ahorrar un centavo, lo hacía”.

Read poseía al menos 95 acciones al momento de su muerte, muchas de las cuales había mantenido durante años, si es que no décadas. Estaban repartidas en una variedad de sectores, incluidos ferrocarriles, empresas de servicios públicos, bancos, atención médica, telecomunicaciones y productos de consumo. Evitó las acciones tecnológicas.

Sus amigos decían que Read normalmente compraba acciones de empresas que conocía y que pagaban buenos dividendos. Cuando llegaban los cheques de dividendos por correo, él invertía el dinero en más acciones.

Entre sus participaciones más antiguas se encontraban gigantes de primera línea como Procter & Gamble, J.P. Morgan Chase, General Electric y Dow Chemical. Cuando murió, también tenía participaciones en J.M. Smucker, CVS Health y Johnson & Johnson.

Sin embargo, el viejo Read no siempre conectó jonrones. Su cartera incluía acciones de Lehman Brothers Holdings, la firma financiera que colapsó en 2008, por ejemplo. Pero estuvo dispuesto a seguir con su selección de acciones por muchos años.

Por ejemplo, el 13 de enero de 1959, compró 39 acciones de Pacific Gas & Electric (PG&E), cuando tenían un valor de unos $2.380. Al momento de su muerte, valían alrededor de $10.735, tomando en cuenta las desdoblamiento de acciones (stock splits) posteriores de 2 x 1 y 3 x 1 que aumentaron esas acciones a 234. 

En total, Read llegó a poseer 578 acciones de PG&E, por un valor de poco más de $26.500, algunas de las cuales pudo haber comprado con los pagos de dividendos que la empresa hizo a los accionistas.

Según algunas fuentes, estas eran las principales posiciones de Ronald Read al final de su vida. Destacan empresas financieras (Wells Fargo, American Express), consumo defensivo (Procter & Gamble, Colgate-Palmolive, McCormick), farmacéuticas/cuidados de la salud (Johnson & Johnson), entre otras. 

Para investigar nuevas inversiones, Read en parte se apoyaba en publicaciones impresas, por ejemplo, se dice que estaba suscrito a publicaciones como The Wall Street Journal y Barron's, aunque también utilizaba la biblioteca local. Su abogada dijo que todos los días leía el Wall Street Journal y que "era bueno en dos cosas: invertir y cortar madera".

Nuestro personaje también conversaba sobre inversiones con sus conocidos, incluido un vecino que era su asesor del banco Wells Fargo en Brattleboro, de quien regularmente buscaba su consejo, manteniendo una cuenta de corretaje en la firma, aunque ésta sólo poseía una pequeña porción de sus inversiones.

Para el inversor actual, utilizar la misma forma de invertir de Read podría resultar algo engorroso, ya que él compraba y guardaba las acciones en papel, mientras que actualmente se trata de certificados electrónicos. La mayoría de los inversores de hoy en día favorecen a las plataformas en línea, más fáciles de usar y con comisiones más competitivas, así como el fácil acceso a la investigación en Internet.

[Una de estas plataformas es hapi, una de los brokers más sencillos de usar, con comisiones bastante competitivas y que es posible usar desde muchos países de América Latina.]


¿Qué lecciones podemos aprender de la vida y experiencias de Ronald Read?

La historia de Ronald Read es un recordatorio poderoso de que la riqueza no siempre se refleja en un estilo de vida aparente. ¿Cómo un hombre de medios tan modestos pudo llegar a acumular tanta riqueza? Su historia es verdaderamente inspiradora, ya que contiene lecciones ejemplares sobre el ahorro y las inversiones que pueden aplicarse a todos nosotros. 

A continuación, algunas lecciones valiosas que podemos aprender de su vida y su enfoque financiero:

1. Frugalidad y vivir por debajo de nuestras posibilidades:

Ronald Read vivía de manera extremadamente frugal. De hecho, probablemente podría haberle dado a Warren Buffett –quien también es famoso por su frugalidad– una competencia por su dinero: reutilizaba la ropa hasta que estaba gastada y buscaba formas de ahorrar en gastos diarios, como estacionamiento gratuito. La frugalidad es clave para acumular riqueza: gastar menos de lo que ganamos y vivir dentro de nuestras posibilidades nos permite ahorrar e invertir.

Los amigos de Read lo recuerdan conduciendo un automóvil usado y usando imperdibles para sujetar su abrigo gastado. Incluso continuó cortando su propia leña mucho después de cumplir 90 años. Mark Richard, amigo y vecino de Read, dijo de él lo siguiente: "Estoy seguro de que si ganó 50 dólares en una semana, probablemente invirtió 40 dólares".

Es un enfoque bastante sencillo: gastar menos de lo que gana le deja más para invertir y generar riqueza con el tiempo a través de inversiones.

2. Inversiones a Largo Plazo:

Read fue un inversor paciente. Mantuvo sus inversiones durante décadas sin vender, permitiendo que el efecto compuesto hiciera su magia. El tiempo estaba de su lado: muchas de las acciones que poseía las había conservado durante décadas. Hacerlo requirió de una gran paciencia, que le permitió que el poder de la capitalización ("interés compuesto") funcionara a su favor. Sus ganancias se sumaron a las ganancias anteriores, durante décadas. 

También le ayudó vivir hasta los 92 años: el poder de la capitalización se magnifica en un horizonte temporal largo. En otras palabras, es más probable que invertir durante mucho tiempo genere los mayores rendimientos. La tasa de crecimiento anual compuesto de Buffett (9,17%) habría convertido $1.000 en $9.000 en 25 años, que en 30 años habrían llegado a ser $13.900.

La mayoría de los inversores no aprovechan el tiempo. Empiezan a ahorrar en serio demasiado tarde, no son nada pacientes y no dejan que los años jueguen a su favor. Ronald Read no fue un operador activo: al contrario, tenía una paciencia extraordinaria.

Para ser sinceros, ninguno de nosotros puede controlar cuánto tiempo vivimos. En cambio, comenzar temprano y permanecer en el mercado el mayor tiempo posible sea probablemente la mejor estrategia. También es recomendable dejar que las acciones ganadoras corran durante más tiempo. Obtener ganancias demasiado pronto o negociar sus posiciones con demasiada frecuencia agrega costos y disminuye el poder de la capitalización.

La consistencia y la paciencia son fundamentales en la inversión. No se trata de ganar rápidamente, sino de mantener una estrategia sólida a lo largo del tiempo.

3. Conocimiento de las Inversiones:

Read invirtió en acciones de empresas que conocía y comprendía, centrándose en compañías que repartían dividendos. Conocer bien las inversiones en las que participamos nos ayuda a tomar decisiones informadas y a evitar riesgos innecesarios. Como Warren Buffett, Ronald Read evitó las acciones tecnológicas y las acciones de moda del momento, simplemente porque no las entendía.

No poseía una cartera concentrada; en cambio, tenía una cartera diversificada con muchas empresas en muchos sectores. Entre las 95 acciones que poseía, había muchas blue chips (empresas de primera línea): Procter & Gamble, JPMorgan Chase, General Electric, Johnson & Johnson, Dow Chemical, J.M. Smucker y CVS Health. Esta diversificación le permitió distribuir ampliamente el riesgo: ser propietario de empresas quebradas como Lehman Brothers tuvo sólo un impacto modesto en sus ganancias.

Además, Read normalmente invertía en acciones de empresas que pagaban dividendos periódicamente. Esos cheques de dividendos que recibía los reinvertía en más acciones de las mismas empresas. Si estas acciones obtenían buenos resultados, es de suponer que reinvertir los dividendos funcionaría aún mejor. No era un trader activo, aunque sí era un comprador activo. Hay una diferencia muy grande.

4. Legado Filantrópico:

A pesar de su modesta vida, Read dejó una herencia de casi 8 millones de dólares. Su legado filantrópico incluyó donaciones a la Biblioteca Brooks Memorial ($1,2 millones de dólares) y el Hospital Brattleboro Memorial ($4,8 millones de dólares).

Esto nos recuerda que la riqueza no siempre se refleja en el estilo de vida aparente. Podemos hacer una diferencia significativa incluso con recursos limitados. Además, la caridad evita al recaudador de impuestos: la exención del impuesto sobre el patrimonio en 2014 fue de $5,34 millones y, para una pareja casada, $10,68 millones. Como Read era viudo, su patrimonio de $8 millones no estaba sujeto al impuesto federal sobre el patrimonio.

En Vermont (el estado donde vivía Read) existe un impuesto al patrimonio que oscila entre el 0,8% y el 16%, pero no existe ningún impuesto sobre donaciones, y eso significa que el legado de Read a la biblioteca y al hospital locales pasó a sus beneficiarios previstos sin ser tocado por el IRS.

En síntesis, la historia de Ronald Read nos enseña que la riqueza no está reservada solo para aquellas personas con altos salarios o grandes oportunidades. La disciplina, la paciencia y la sabiduría en las inversiones pueden llevarnos lejos. Hay mucha sabiduría que aprender de sus inversiones y sus experiencias de vida.

Espero que el contenido sea de utilidad e interés. Nos vemos en la próxima, ¡saludos!

Fuentes:



jueves, noviembre 21, 2024

La extraordinaria vida de Anne Scheiber: mujer pionera en las inversiones


Hoy traigo una historia de una mujer que logró una hazaña extraordinaria.

Anne Scheiber nació el 1 de octubre de 1893 en Brooklyn, Nueva York y murió el 9 de enero de 1995, es decir, vivió hasta los 101 años. Durante años trabajó como auditora para el IRS (siglas en inglés de Internal Revenue Service o "Servicio de Impuestos Internos"). En 1944 se retiró de su empleo, cuando tenía 51 años, y se centró en la gestión de su cartera de inversiones durante los siguientes 51 años de su vida. 

Scheiber nunca ganó un salario superior a los 4.000 dólares por año y, aunque fue una trabajadora ejemplar, nunca recibió un ascenso. Esto probablemente se debía a la discriminación hacia las mujeres en la fuerza laboral de la época, así como a las actitudes antisemitas endémicas en las instituciones estadounidenses de élite a mediados del siglo XX. Se dice que, al momento de retirarse tan solo tenía 5.000 dólares ahorrados y una pensión anual de unos 3.100 dólares.

En sus primeros años de vida adulta, en la década de 1930, Scheiber tuvo una serie de experiencias negativas con corredores financieros. Sin embargo, al dejar de trabajar pasó los siguientes 50 años estudiando los mercados y acumulando riqueza mientras vivía frugalmente en un apartamento tipo estudio con alquiler regulado en Nueva York. 

A pesar de la discriminación de la que fue objeto por ser mujer y judía, al momento de fallecer nuestra heroína sin capa tenía una cartera de acciones de dividendos por valor superior a los 22 millones de dólares, que le generaba más de 750 mil dólares en ingresos anuales por dividendos al momento de su muerte, lo que convierte a Anne Scheiber en una de las inversoras de dividendos más exitosas de todos los tiempos.

Scheiber tenía nueve hermanos, pero aparentemente tenía pocos familiares o amigos cercanos y nunca se casó. Fue criada por su madre, después de que su padre falleciera cuando ella aún era muy joven, tras perder dinero en inversiones inmobiliarias, por lo que comenzó a trabajar como asistente contable siendo una adolescente (tan solo tenía 15 años), para poder ganar dinero y así ayudar a su familia. A pesar de las dificultades de sus primeros años, Scheiber logró graduarse en la Facultad de Derecho, aunque luego decidió trabajar como auditora en el IRS, cuando tendría unos 32 años. Entre sus pocos allegados se encuentran un tal Ben Clark (su abogado) y William Fay (su corredor en Merrill Lynch).


A pesar de haber ganado millones con sus inversiones, Scheiber tenía reputación de frugalidad y excentricidad: se cuenta que una vez se llevó la comida de una reunión de accionistas a la que asistió y la consumió durante los siguientes tres días. Al final de su vida, vivía en el mismo apartamento y vestía la misma ropa que en 1944. ¡Este es el hábito de "vivir por debajo de sus posibilidades" llevado a su máxima expresión!

Aunque Anne Scheiber no haya tenido un alto salario u obtenido ascensos, aprendió mucho en su trabajo: por ejemplo, que los ricos tienden a invertir en la apreciación de activos que pagan flujos de caja. Si revisamos las declaraciones de impuestos, pronto nos daremos cuenta de que las personas ricas tienden a ser propietarias de muchas acciones que pagan dividendos, de bienes inmuebles que pagan alquileres y de negocios que les generan ingresos. Esta fue su epifanía, el momento ¡Eureka! que le inspiró a Anne a construir su riqueza a través de inversiones de primera clase. La lección que aprendió estudiando las declaraciones de impuestos de otras personas fue que la forma más segura de hacerse rico en América era invertir en acciones.

Según algunas historias, su cartera estaba valorada en 5.000 dólares al momento de su jubilación. Otras versiones hablan de declaraciones de impuestos más antiguas de la década de 1930 que mostraban un ingreso anual de dividendos por 900 dólares, que fue aumentando paulatinamente con el tiempo. Es posible que su cartera en el momento de su jubilación en 1944 estuviera cerca de $18.000 - $20.000, lo que implica una rentabilidad por dividendos del 4,5% - 5%. Sin embargo, sigue pareciendo impresionante que legara nada menos que 22 millones de dólares a la caridad al momento de su muerte. 

Su capital inicial fue el resultado de sus ahorros durante su carrera profesional, en un momento en el que muy pocos americanos poseían acciones. Es más más impresionante aún, si consideramos que en un momento perdió dinero invirtiendo en el mercado de valores, después de que la firma de corretaje con la cual hacía sus operaciones colapsó en la década de 1930, esfumándose su dinero. Esto fue antes de la aparición de la Securities Investor Protection Corporation ("Corporación para la Protección de Inversores en Valores"). Sin embargo, Anne Scheiber se recuperó y siguió invirtiendo el resto de su vida.

Según su abogado, tenía una tasa de ahorro muy alta, y así pudo acumular su capital inicial para construir su reserva de fondos. Llegó a ahorrar casi el 80% de su salario, lo cual es impresionante. Sus posiciones más importantes en 1995 eran las siguientes:

Las mayores posiciones de la cartera de Scheiber para 1995 (año de su muerte) en N° de acciones, precio al 11 de diciembre y porcentaje de ganancias. Destacan las empresas farmacéuticas (Schering-Plough, Bristol-Myers Squibb), consumo masivo (Pepsico, Coca Cola), retail (Loews), entre otras industriales (Rockeweel, Allied Signal), de servicios (Allewgheny Power System) y petroleras (Unocal, Exxon). Fuente: Dividend Growth Investor, Merrill Lynch, Benjamin Clark

Compró acciones de empresas cuyas actividades entendía, como farmacéuticas, de bebidas y de entretenimiento: su cartera incluía participaciones en más de 100 compañías, la mayoría de ellas nombres muy conocidos como Coca-Cola, PepsiCo, Schering-Plough y Bristol-Myers, entre otras, como observamos en la imagen superior, donde aparecen sus principales posiciones.

Anne se centró en empresas con marcas líderes que incrementaban sus beneficios con el tiempo. Esto aseguraba que el negocio pudiera pagar más en dividendos y aumentar el valor intrínseco.

Su estrategia fue comprar acciones regularmente, y mantenerlas durante décadas. Esto le permitió aprovechar al máximo el poder de la capitalización. Nunca vendió, porque odiaba pagar comisiones. Este fue otro movimiento inteligente, que le permitió aprovechar al máximo cualquier ganancia excesiva. Dejar que los ganadores corran durante décadas es lo que separa a los mejores inversores del mundo de aquellos que tienen carreras de inversión mediocres. 

Muy poca gente tiene la paciencia hoy en día para mantener las acciones durante meses, por no hablar de décadas. Pero esta paciencia es un rasgo que separa a los ganadores de los perdedores, porque da a las compañías tiempo para componer las ganancias, los dividendos y su valor intrínseco. Como sabemos, a veces las empresas no van a ninguna parte por un tiempo, lo que hace que muchos inversores se rindan y vendan, justo antes de que las cosas empiecen a cambiar. Al convertirse en un paciente inversor a largo plazo, usted estará bien posicionado para aprovechar los pocos ganadores de su bien diversificada cartera.

Ser un inversor paciente de comprar y mantener a largo plazo es beneficioso durante los mercados bajistas, cuando los precios de las acciones caen un 50% o más. Muchos se asustan por estas pérdidas temporales de la cotización, y venden con pánico. Los inversores inteligentes se aferran con fuerza e incluso aumentan sus posiciones si tienen capital disponible para hacerlo. 

Cuando nunca vendes tus acciones, tampoco tienes que pagar impuestos sobre las ganancias de capital a largo plazo. Si dejas tu cartera a la caridad, tampoco hay impuestos sobre el patrimonio. Es bastante seguro de que Anne disfrutó sabiendo que Hacienda tendría una tajada muy pequeña de su patrimonio en forma de impuestos.

Finalmente, Anne reinvirtió sus dividendos, lo que ayudó a aumentar aún más su capital y sus ingresos. En la década de 1980, comenzó a invertir sus considerables ingresos por dividendos en bonos municipales, que pagaban un 8% de interés anual libre de impuestos. Sus ingresos anuales de inversión de 750.000 dólares eran una mezcla de dividendos y ganancias.

La historia de Anne Scheiber es increíblemente inspiradora, ya que nos muestra claramente los pasos necesarios para lograr la independencia financiera, y moldear nuestro estilo de vida de la forma en que lo deseemos. Entre las lecciones que podemos aprender de su experiencia tenemos:

1. Invertir en marcas líderes en industrias líderes.

2. Invertir en empresas con beneficios crecientes.

3. Capitalizar sus intereses para descubrir oportunidades de inversión.

4. Invertir regularmente.

5. Reinvertir los dividendos.

6. Nunca vender las acciones.

7. Mantenerse informado sobre inversiones actuales o futuras.

8. Invertir de manera eficiente en materia de impuestos.

9. Devolver parte de las ganancias a la sociedad.

10. Ser frugal.

Este conjunto de principios puede ayudar a cualquier persona comprometida a terminar con una cartera de dividendos de muchos dígitos.

Es todo por el momento. Espero que el contenido sea provechoso y útil. Hasta la próxima, saludos!

Fuentes: 

- Cómo Anne Scheiber ganó 22 millones de dólares invirtiendo en acciones con crecimiento de dividendos (The Finanzial).

- Serah Louis: ‘She ran rings around Warren Buffett’: This IRS auditor secretly turned a $5K nest egg into a $22M fortune — here are the 3 simple strategies that made Anne Scheiber rich (Yahoo Finance/moneywise).

- La enciclopedia libre: Anne Scheiber.

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